La nueva revolución copernicana

LA NUEVA REVOLUCIÓN COPERNICANA. (PARTE I)

Un cuerpo solo no puede moverse (Berkeley)

 

La pura evidencia: No hace falta sofisticados aceleradores de partículas, basta el simple testimonio de los sentidos, para verificar empiricamente que existen velocidades no locales superiores a la constante “c”

La relatividad general (RG) de Einstein no ha conseguido superar las teorías de Newton de 1687. Para superarlas, el primer paso obligado de la RG debería haber sido la abolición definitiva del espacio absoluto de Newton, e instaurar, después de haber eliminado ya cualquier posible reminiscencia de las referencias absolutas newtonianas, la absoluta relatividad del movimiento: comoquiera que sea, el movimiento de un cuerpo es relativo a determinado otro cuerpo, el sistema de referencia, al que por libre elección se lo considera en reposo. Esto, y nada más que esto, es lo que caracteriza y define un sistema de referencia: de entre todos los cuerpos posibles para referenciar el movimiento de los demás cuerpos, el sistema de referencia es el cuerpo que libremente ha sido definido, como lo podría haber sido cualquier otro, como “cuerpo en reposo”.

Puesto que tal elección es libre, lo primero que debería haber preocupado a Einstein es cómo eliminar los sistemas de referencia absolutos, los responsables de la vieja dicotomía newtoniana, sustentada en la creencia en los “espacios absolutos” de Newton, entre movimientos “verdaderos” y movimientos “aparentes”. ¿Acaso no todos los movimientos relativos son relativos y verdaderos y todos los movimientos verdaderos son verdaderos y relativos? ¿Cuál es el principio que tiene derecho a dictaminar qué movimientos merecen el rango de verdaderos o absolutos y qué movimientos son ilusorios o meramente relativos? Si es verdad que todos los cuerpos libres obedecen el principio de inercia, ¿por qué tuvo que inventarse el concepto de sistema de referencia no-inercial? No existe ni un solo movimiento que no sea relativo; no existe ni un solo movimiento que sea absoluto.

Einstein debería haber sabido cómo prescindir de los sistemas de referencia inerciales de Newton, “hechos” con espacio absoluto y postulados para intentar “hacer ciertas”, nunca mejor dicho, sus 3 Leyes de Newton. A partir de su segunda ley se deduce la primera: el principio de inercia de Descartes y Galileo, según el cual un cuerpo libre se mueve con movimiento rectilíneo uniforme. Pero esta proposición por sí sola no dice nada. ‘Movimiento’ es un concepto relativo a un sistema de referencia. Falta aún especificar, para que tenga algún mínimo sentido, con respecto a qué clase de sistemas de referencia hay que considerar que ‘un cuerpo libre se mueve con movimiento rectilíneo uniforme’. ¿Acaso un cuerpo libre, puesto que mantiene su momento angular constante, no puede moverse de distinto modo al del movimiento que privilegia y destaca el principio de inercia? ¿No es obvio que, dado un mismo sistema de referencia, no todos los cuerpos libres presentan con respecto a éste la misma clase de movimiento y que también están permitidos los movimientos circulares o acelerados (que de hecho son los movimientos que “obligan” a inventarse el concepto de sistema no-inercial)? Newton no reconoce este segundo supuesto, luego el primero: a cambio de conservar el estatuto de privilegio del movimiento rectilíneo uniforme, se ve obligado a introducir una distinción alternativa entre dos clases distintas de sistemas de referencia: los inerciales y los no-inerciales.

Un sistema de referencia no es más que un cuerpo cualquiera con respecto al cual se describe el movimiento de los restantes cuerpos. Es muy fácil reconocer una infinidad de diferentes clases de movimiento: uniforme, acelerado, circular,… ¿pero con qué criterio sensato se pueden distinguir siquiera entre dos distintas clases de sistema de referencia cuando, en realidad, un sistema de referencia no es más que un cuerpo cualquiera que puede ser siempre elegido libremente, arbitrariamente y al azar incluso? ¿Qué necesidad hay de introducir una dicotomía entre lo inercial y lo no-inercial? ¿Qué es lo que es claro y distinto? ¿Distintas clases de movimiento o distintas clases de sistemas de referencia?

Dada la evidente diversidad real de los movimientos libres de la naturaleza parece que hay dos opciones lógicas: 1) reconocer la cosa que es directamente evidente: que con respecto a un mismo sistema de referencia las clases de movimiento de los cuerpos libres pueden ser muy diversas, y 2) imponer el dogma, absolutamente falso, de Descartes y Galileo, según el cual a los cuerpos libres les está prohibido cualquier posible movimiento que no sea rectilíneo uniforme, y después, para “neutralizar” el rígido dogma, establecer inventadamente, violando la igualdad de todos los posibles observadores de la naturaleza, distintas clases posibles de sistemas de referencia u observadores. Newton, como ya sabemos, elige la segunda opción “lógica” y establece 2 clases de sistemas distintos y disjuntos: en una se incluyen tautológicamente todos los que cumplen el principio de inercia y en la otra, los que demuestran que el principio de inercia es falso, se incluyen y excluyen todos los demás.

Para Newton un sistema inercial es aquel en el que se cumplen las 3 Leyes de Newton. Los movimientos observados con respecto a un sistema inercial son, por definición, los movimientos idealmente verdaderos, los que agradan a su primera y segunda ley. Y ¡faltaría más! los movimientos que se puedan observar con respecto a un sistema no-inecial, todos los que hacen caso omiso a sus leyes, son los movimientos aparentes. Sombras en la caverna. No existen.

Aunque pueda parecer muy extraño, todavía hoy en día, todas las ultramodernas teorías de la física continúan defendiendo las viejas dicotomías entre sistemas inerciales y no-inerciales y entre movimientos verdaderos y aparentes. El principio de inercia jugó un papel clave, es justo reconocerlo, en la revolución copernicana, pero en la actualidad se ha convertido en el gran culpable de todos los lastres y desastres de la física contemporánea. Es contrario a la invariancia universal de las leyes físicas y a la absoluta relatividad del movimiento.

Un clarísimo ejemplo de lo que aún hoy en día se considera que son movimientos “aparentes” lo constituye las estrellas, pertenecientes a nuestra propia galaxia, que dan una vuelta alrededor de la tierra cada 24 horas.. ¿Por qué todavía hoy se quiere sostener que sus movimientos son aparentes? Hay dos motivos.

Imaginemos nuestra estrella más próxima. El primer motivo, que tiene su origen en el s. XVIII, es que su movimiento es circular. Es una estrella que se encuentra situada lo suficientemente lejos para que la gravedad del sol apenas le afecte y, sin embargo, se mueve… circularmente. No se mueve, con respecto al planeta tierra, según le place al principio de inercia o a las leyes de Newton, sino que describe una enorme circumferencia cada 24 horas. Contradice, es claro y distinto, el movimiento rectilíneo uniforme que se predica en el principio de inercia clásico de Descartes y Galileo. Y por culpa de haber convertido ya a éste en un rígido dogma intocable, entonces resulta que no resta otra “solución” que rebajar el movimiento de esta estrella a la categoría de “aparente”, a una especie de mera ilusión de nuestros sentidos, mientras que a su vez la tierra, que es el sistema de referencia desde donde se observan semejantes apariencias y anomalías, queda correspondientemente rebajada a la categoría de sistema no-inercial.

El segundo motivo, aunque parezca increíble, tiene ya su origen en pleno s.xx y deriva de la ultramoderna escuela relativista. ¿No se presupone que la teoría de la relatividad de Einstein reconoce lo que es evidente: que ‘movimiento’ es un concepto relativo, es decir, reconoce por fin que “un solo cuerpo no puede moverse”? Pues no. Aunque parezca paradójico, los “revolucionarios” discípulos de Einstein no sólo no refutan las absurdas ideas de Newton sobre el movimiento absoluto, sino que encima las refuerzan y pervierten. Añaden a los anteriores viejos argumentos de Newton, los mismos que acaban degenerando en la distinción entre movimientos verdaderos y “aparentes”, distinción que aceptan sin rechistar, otro nuevo argumento que es aún todavía peor si cabe: el dogma, absolutamente falso, de que es imposible superar la velocidad local de la luz (c=300000 km/s). Veamos porque actúan de tan extraño modo.

Calculemos la velocidad de una estrella que esté situada a una distancia de  3  10^16 metros de la tierra (nuestra estrella más próxima). Esta estrella recorre un enorme circunferencia, cuyo radio es aproximadamente igual a la citada distancia, en tan sólo 24 horas. Ya que cada hora tiene 3600 segundos, su velocidad real es:

 

velocidad estrella = 7272′2.c        (el lector puede encontrar el cálculo en:  La nueva revolución copernicana. (Google knol)

 

La estrella supera con creces la ridícula cota máxima para la velocidad impuesta por los relativistas: su velocidad es 7272′2 veces mayor que “c”. ¿Algún error aritmético? ¿Algún problema con la socorrida excusa relativista de la “verificación” empírica? Aparte de las muy precisas “verificaciones” empíricas de todo tipo de paradojas y de las tan tontas tonterías que aún defiende la escuela relativista, ¿hay algo que pueda estar mejor verificado que el movimiento verdadero de nuestra estrella más próxima? La cinemática pura muestra y demuestra que existen velocidades superiores a “c”, luego la teoría de la relatividad, la nefasta inventora de las cotas máximas absolutas, la que aborrece el infinito, es falsa. (Según la teoría conectada, dadas unas mismas condiciones, no hay nada que pueda superar la velocidad real de la luz. Lo que ocurre es que la velocidad máxima real, y no local, puede ser ilimitadamente superior a “c”. La constante “c” tan sólo representa la máxima velocidad local.)

El mundo aborrece límites. El mundo no quiere profetas. El mundo nada quiere saber de la distintiva finitud de cualquier profeta del “todo”.

¡Quién lo hubiese dicho, eh! Los relativistas han acabado convirtiéndose en los grandes defensores del espacio absoluto, el sensorio de Dios, del gran Isaac Newton.

Los relativistas permanecen “obligados”, muchísimo más de lo que lo estaba el mismísimo Newton, a concluir, sofisticamente, que es imposible que el movimiento de tal estrella pueda ser real. Su movimiento ya no tan sólo contradice el principio de inercia clásico, sino que ahora también se atreve a contradecir la nueva tabla de la ley impuesta por la absurda teoría de la relatividad: Todas las velocidades que neciamente se atrevan a superar a “c” serán ignoradas y excluidas del selecto club de lo verdadero: Todo lo que demuestra que la relatividad es falsa es falso. Ser sin ser. Aparente y no verdadero. Ficticio. Ilusorio. Ilusión. Iluso. Irreal. Imaginario. ¡Inadmisible!

¿Y? ¡Duda! Los rígidos dogmas siempre han sido ciegos frente a la pura evidencia. Tales estrellas, que se mueven con libertad y brillan en la oscuridad, no obedecen ni las leyes de Newton ni las leyes de Einstein. Los grandes sabios nunca ven el menor atisbo de luz hasta que abandonan sus palacios.

Xavier Terri Castañé

 

 

 

Conclusión: Puesto que las dicotomías de Newton-Einstein ’sistema inercial-sistema no inercial’ y ‘movimiento verdadero-movimiento aparente’ carecen de sentido, es necesario un nuevo principio de inercia generalizado que:

       1) acepte que el movimiento de los cuerpos libres no es necesariamente rectilíneo uniforme.
       2) admita velocidades no locales infinitamente superiores a ‘c‘.
 
       Un principio de inercia que no acepte estas dos condiciones es contrario a la invariancia universal de las leyes físicas (el principio de inercia clásico establece la dicotomía ‘inercial-no inercial’, luego no cree en la igualdad de todos los observadores posibles de la naturaleza) y a la absoluta relatividad del movimiento (los sistemas inerciales de Newton-Einstein no son más que unos sistemas absolutos -en reposo absoluto o en movimiento rectilíneo uniforme absoluto con respecto al obsoleto espacio absoluto de Newton-Einstein- a través de los cuales se establece la dicotomía ‘movimientos verdaderos-movimientos aparentes’)
 
       Puesto que ‘movimiento’ es un concepto relacional, para establecer la absoluta relatividad del movimiento es necesario que las tetracoordenadas espaciotemporales estén también definidas de un modo relacional. Éstas se definen relacionalmente tal como se explica en La paradoja de los gemelos de la teoría de la relatividad de Einstein. Las nuevas transformaciones relacionales, que sustituyen las Transformaciones de Lorentz, tan sólo pueden ser válidas localmente, de lo contrario no podrían existir las velocidades no locales infinitamente superiores a ‘c’  que exige el nuevo principio de inercia generalizado al objeto de reconocer que el movimiento es absolutamente relativo.
       Pueden consultarse algunos ejemplos de aplicación de las nuevas transformaciones relacionales en Alipso.com o en Monografías.com  
       El nuevo principio de inercia generalizado puede ser consultado en las páginas 141-143 del Extracto de la Teoría Conectada (La teoría conectada es la única generalización posible de cualquier teoría cuya métrica sea proporcional a la métrica de Minkowski al objeto de hacer que esta última sea compatible con la gravedad y con la absoluta relatividad del movimiento)
 
       El movimiento es relativo, luego el sol se mueve… (con respecto a la tierra, por decir algo). ¿O acaso según la teoría de la relatividad de Einstein el movimiento no es relativo y es la tierra la que verdaderamente “gira sobre sí misma (?) con respecto al espacio absoluto de Newton-Einstein”? Dado que es evidente que el movimiento es relativo, ¿qué sentido tienen los sistemas inerciales y el espacio absoluto de Newton-Einstein?
       Mientras no se consigan eliminar los sistemas inerciales, tampoco se habrá conseguido eliminar el espacio absoluto de Newton-Einstein, pues los sistemas inerciales no son otra cosa, por su definición a través del principio de inercia clásico, que el mismísimo espacio absoluto de Newton-Einstein (es decir, unos inexistentes sistemas que permanecen en absoluto reposo, o en movimiento rectilíneo uniforme, con respecto al inexistente espacio absoluto. Nótese de paso que este solo argumento es suficiente para demostrar que la teoría de la relatividad general, sustentada en la idea de que existen sistemas (localmente) inerciales, incluso en presencia de gravedad, es contraria a la relatividad del movimiento. Ver el Principio de Equivalencia de Einstein)     
 
 
 
    

 

ENLACES:

-The end of broken spacetime (incluye también la versión en castellano): vixra.org


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